Desde siempre, el hombre ha utilizado los minerales de manera empírica para aprovechar sus propiedades terapéuticas: entre los siglos VII y VI a. C., los caldeos de la baja Mesopotamia llevaban una pulsera de cobre; en el siglo XVI, Paracelso recomendaba el uso de siete metales para tratar diversas afecciones; a finales del siglo XIX, Gabriel Bertrand descubrió que varios minerales, aun presentes en cantidades ínfimas, tenían un papel esencial en los seres vivos. Pero fue en los años 30 del siglo pasado cuando el Doctor Jacques Ménétrier averiguó clínica y biológicamente el papel de los oligoelementos.

Etimológicamente, los oligoelementos son minerales presentes en muy pequeñas cantidades en el organismo, de ahí que se les denomine también elementos traza. Citemos, por ejemplo, el zinc, el cobre, el manganeso, el oro, el selenio, el germanio, el cobalto, el boro, la plata, el silicio y el molibdeno. Aunque representen tan sólo un porcentaje mínimo de la totalidad de los constituyentes orgánicos, los oligoelementos son imprescindibles para el buen funcionamiento del organismo, asegurando numerosas funciones biológicas.

Los diferentes oligoelementos poseen cuatro grandes tipos de acciones: catalítica, hormonal, plástica y una acción sobre los canales iónicos. Así, por ejemplo, el zinc cataliza más de 200 reacciones enzimáticas, el yodo posee un efecto regulador sobre la glándula tiroidea, el silicio favorece la formación del tejido conjuntivo y el magnesio participa en los equilibrios neuropsíquico y neuromuscular.

oligo1Hoy en día, las subcarencias en oligoelementos son frecuentes. Ello es debido, en primer lugar, a una insuficiencia de aporte causada por las costumbres alimentarias modernas (aumento del consumo de carne y disminución del de frutas y verduras frescas y de temporada) y por la pobreza nutricional de los alimentos provocada por el refinamiento, la cosecha de frutos no maduros, el agotamiento de los suelos, etc. En segundo lugar, dichas subcarencias pueden ser consecuencia de una insuficiencia de asimilación debida a la edad avanzada, a trastornos digestivos, al estrés o a la ingesta de medicamentos que dificultan la asimilación de los oligoelementos. Las diversas contaminaciones (atmosférica, del agua, agrícola, industrial, conservantes, estabilizantes, amalgamas dentales,...) producen la inactivación de los oligoelementos por quelación química. También puede haber una eliminación excesiva de los elementos traza debido al estrés (tanto psíquico como físico) y a una acidosis tóxica tisular. Y existen situaciones en las que hay un aumento de las necesidades en oligoelementos, como es el caso de las mujeres embarazadas, de los niños en período de crecimiento, de los deportistas, de los enfermos y los convalecientes, y en las que se debe estar más atento para evitar subcarencias.

Como consecuencia, se observa una bajada global de las funciones orgánicas (cansancio, astenia, falta de dinamismo...), seguida de la aparición de patologías funcionales debidas al mal funcionamiento celular y, a la larga, estos desórdenes se traducen en numerosas enfermedades graves. Este encadenamiento de sucesos está relacionado con el desarrollo de las llamadas « enfermedades de civilización »: cáncer, enfermedades cardiovasculares, diabetes, reumatismos, alergias...

oligo2Así pues, la oligoterapia es un método terapéutico que consiste en administrar los oligoelementos necesarios para el buen funcionamiento de las células. Existen tres principales escuelas: la oligoterapia reaccional, basada en las diátesis definidas por Ménétrier; la oligoterapia farmacológica, que aporta minerales en altas dosis (con el riesgo de inducir algunos desequilibrios); y la oligoterapia bionutricional, que consiste en aportar al organismo el conjunto de oligoelementos que necesita, en dosis fisiológicas, lo cual permite restaurar la integridad bioquímica de la persona y, como consecuencia, reforzar el terreno y restaurar el equilibrio biológico.

* La oligoterapia no excluye ni sustituye cualquier tratamiento médico o farmacológico.

PARA SABER MÁS:

  • Deville, Michel y Deville, Frédéric. Los oligoelementos, catalizadores de nuestra salud. Editorial C.R.A.O., 1995.
  • Colonques, Josep. Oligoelementos y terrenos humanos. Editorial Indigo, 2001.

 

 

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Los consejos y sugerencias descritos en los diferentes artículos no pretenden, en ningún caso, diagnosticar, tratar, ni sustituir cualquier tratamiento médico o farmacológico.