La flora intestinal está constituida por un total de 1014 bacterias de diferentes especies distribuidas a lo largo de todo el tracto digestivo, siendo numerosas en el intestino delgado y mucho más abundantes en el colon.

Entre sus numerosas funciones, la flora intestinal aumenta la superficie absorbente de la mucosa intestinal, normaliza el tránsito intestinal, sintetiza las vitaminas B1, B6, B9, B12, PP, H y K, neutraliza los ácidos biliares, el colesterol y las nitrosaminas cancerígenas, finaliza la digestión de los glúcidos (hidratos de carbono), favoriza la absorción del calcio, flúor, fósforo, zinc, manganeso y cobre, impide la implantación de bacterias exógenas indeseables, favorece la maduración del sistema linfoide intestinal (placas de Peyer, inmunoglobulinas), participando así en la inmunidad general, etc...

La flora intestinal es desestabilizada gravemente por las infecciones, las antibioterapias y quimioterapias, los laxantes, corticoides y otros medicamentos, los cambios bruscos de alimentación o clima, las parasitosis y micosis, los tratamientos quirúrgicos del tubo digestivo, la prematuridad, la espasmofilia y los episodios diarreicos. Y es perturbada de manera crónica por el estrés, el estreñimiento, la vida sedentaria, una insuficiencia inmunitaria innata o adquirida, una alimentación desvitalizada, la carencia en fibras vegetales, las asociaciones alimentarias incorrectas, las enfermedades inflamatorias crónicas (divertículos, colopatías, Crohn, fístulas,...) y los conflictos emocionales “mal digeridos”.

flor1Así pues, las consecuencias directas de una flora perturbada son: estreñimiento, diarrea, gastroenteritis, gases, tripa hinchada, fermentaciones, putrefacciones y sobrecarga del trabajo hepático (una flora correcta posee una acción antitóxica igual a la del hígado; deteriorada, la flora envía al hígado un incremento de trabajo importante). Y de manera indirecta, una flora intestinal deteriorada puede dar lugar a una inflamación crónica intestinal y colopatías funcionales, trastornos de la permeabilidad intestinal, implantación de bacterias indeseables, mal aliento, fragilidad del sistema inmunitario, aumento del nivel de colesterol, degradación del terreno artrítico, instalación de Candida albicans, gusanos intestinales y amibas, enfermedad autoinmune (lupus, tiroiditis, Crohn, esclerosis en placas,...).

Cuidemos de nuestra flora intestinal, ya que su equilibrio constituye un precioso pero inestable ecosistema.

 

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Los consejos y sugerencias descritos en los diferentes artículos no pretenden, en ningún caso, diagnosticar, tratar, ni sustituir cualquier tratamiento médico o farmacológico.